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¿Por qué funciona tan bien el aprendizaje activo, y por qué no se extiende lo que debería?

¿Por qué funciona tan bien el aprendizaje activo, y por qué no se extiende lo que debería?

Primero vamos a aclarar algunas cosas importantes sobre el aprendizaje: 

1. “El aprendizaje no es un deporte espectáculo” para espectadores de sillón.

2. El aprendizaje no depende del número de horas que las posaderas de los alumnos estén sobre los asientos de clase sino más bien del tipo de actividades que realicen sus cerebros. 

3. El estudiante aprende mejor lo que él hace por sí mismo, que de aquello que hacen o le cuentan sus profesores. 

4. Sin embargo, el aprendizaje activo no es sólo aprender haciendo "learning by doing" requiere además reflexionar sobre lo que estamos haciendo. 

El alumno para aprender "debe hacer” y el papel del docente es lograr influenciar al alumno para que haga aquellas cosas que le ayudarán a comprender y a aprender.  

La novedad del active learning está en aprovechar el tiempo de la clase presencial para obligar a todos los alumnos a aplicar a la práctica y hacer actividades aplucadas a la realidad. El docente les aportará estímulos, dirección y supervisión en el proceso de hacer cosas y ponerlas en común.

Para ello es imprescindible un cambio radical en el modelo de relación entre docentes y estudiantes: en vez de estar centrado en el protagonismo casi exclusivo del docente debe pasar a centrarse en el co-protagonismo de docentes y estudiantes. Una enseñanza centrada en quien aprende, orientada a fomentar la actividad y el ejercicio de competencias por los alumnos.

Las actividades de aprendizaje activo deben incluir tres elementos esenciales para un aprendizaje llegue a ser significativo:

1) Acceder a la información (contenido instructivo) y las ideas a aprender. 

2) Aprender haciendo cosas con estas ideas (aplicación, transferencia).

3) Reflexionar y dialogar sobre lo que se está haciendo y aprendiendo (esto incluye discusión en equipos y feedback por compañeros y el profesor). 

La investigación de las últimas décadas demuestra que la incorporación de actividades de aprendizaje activo a las clases mejora el rendimiento académico: las ganancias de aprendizaje obtenidas con metodologías activas doblan y hasta triplican las obtenidas con metodologías de transmisión tradicionales. Los estudios demostraron que la adición de 15 minutos de Active Learning en cada clase mejora significativamente el aprendizaje y los resultados académicos.

 Finalmente, el meta-análisis de 225 estudios de comparación tradicional vs. Active learning demostró una reducción de un tercio de la tasa media de fracaso en las clases en las que se incorporó aprendizaje activo con respecto a la obtenida en las mismas asignaturas con metodología tradicional.

No obstante, pese a estos exitosos resultados publicados en revistas de alto impacto y amplia distribución, al alcance de los profesores, el éxito del active learning para mejorar el aprendizaje no se ha traducido en su extensión en la docencia universitaria. 

El aprendizaje activo pone a los alumnos en la posición de tener que pensar por sí mismos y esto les permite ejercitarse en determinada habilidad y desarrollar su competencia para hacerla mejor cada día. Pero que los alumnos piensen y se expresen en clase contrastando y criticando constructivamente sus ideas no es lo prioritario para la mayor parte de profes, sino la memorización de contenidos.

La ventaja del active Learning es crear las condiciones para que incluso los alumnos más pasivos retraídos o tímidos tengan que razonar y comunicarse. En este contexto los alumnos no tienen más remedio que arriesgarse a acertar o fallar (en un ambiente seguro) y deben también justificar el motivo de sus elecciones e incluso reconocer sus errores y aprender de ellos.

Pese a las incuestionables evidencias sobre la eficacia del aprendizaje activo, la inmensa mayoría de los profesores las ignora flagrantemente y sigue haciendo lo de siempre., auenque esta no sea una manera de actuar muy  profesional.

Las tecnologías educativas aportaron los clickers o sistemas de respuesta personal que facilitaban la introducción de más evaluación, incluyendo las Apps gratuitas para hacer esto de modo fácil y gratuito con el Smartphone de cada alumno.

 

 Si las metodologías y tecnologías para aumentar la participación de los alumnos en clase ya están disponibles desde hace años cabe preguntarse:

 

 ¿Por qué causas la mayoría de los profesores no incorporan a la mayoría de sus clases el aprendizaje activo que ha demostrado ser mucho más eficaz para producir aprendizaje que la clase completamente expositiva?  Las 3 más importantes son:

1. Tiempo muy limitado de clase. Un problema es que dedicar tiempo de clase a la aplicación, la evaluación formativa y la reflexión… lo resta del tiempo que tradicionalmente se dedicaba a la transmisión de información a los alumnos y esa era la primerísima prioridad para la inmensa mayoría de los profesores. 

2.  Exigencia de un sobreesfuerzo. Otro problema es que cambiar al aprendizaje activo exige al profesor trabajar algo más que seguir haciendo lo mismo de siempre. El aprendizaje activo favorece el aprendizaje del alumno, pero supone para el profesor realizar esfuerzos extra que no son reconocidos ni recompensados. 

3. Desconocimiento de metodologías y tecnologías necesarias. Los profesores somos docentes amateurs que enseñamos del único modo que conocemos: como nos enseñaron a nosotros. Desconocemos las metodologías de aprendizaje activo y de las tecnologías que lo facilitarían. 

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